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sábado, 16 de enero de 2010

Zanahorias. (III)

:- Tenemos que dejar la adolescencia, ¿no te parece?.
:- ¿Eh?
:- Claro, la adolescencia, lo de buscar diferencias y similitudes... eso.
:- ¿A qué viene todo esto?
:- Mariana y sus colegas, lo que me contaste, la cena.
:- Ah.

Estaban en una plaza, sentados en un banco de plaza. No era grande el sitio verde, los juegos en la arena se podían contar con los dedos de una mano y la vieja calesita derruida y abandonada seguramente no soportase más de trescientos kilos de niños. El banco no tenía respaldo, era de esos que son una piedra rectangular grande apoyada sobre dos más pequeñas, cuadradas. Jimarson usaba sus brazos, tensos, para sostenerse, y Robertino se arqueaba sobre si mismo, adormecido. Era un día de verano con viento sur, nubes y clima tolerable. Luego de presentar la documentación pertinente para convertirse en empleados temporales del diario local decidieron descansar ahí, en ese banco, y pulir algunos temas, temas que siempre pulían, hasta no saber si quedaban asperezas o ya no quedaba nada. El sueño los vencía por momentos, aparecía de golpe con una brisa y tardaba en irse, lo ahuyentaba alguna pregunta, un perro, una mujer.

:- Si, tendría...- bostezo.
:- Ajá, no podés seguir escudándote en eso. No por defender a Mariana, sino por vos. Si ella no resulta bien, pero entendé que no somos tan particulares tampoco... que tenemos nuestra gente, que en esa "no pertenencia" que ves vos hay una pertenencia a algo, por eso esta amistad, ¿no?.
:- Creo que entiendo, pero tengo un sueño che...- bostezo-, creo que...-bostezo-, la puta madre.
:- Eso te pasa por hacerte el ácido en una cena boluda.
:- Tampoco voy a dármelas de eso eh, solo fuí y me cansé.
:- No seas bolú, vos primero... bah, está bien así como sos, pero dejá de aislarte, nada más. Y no seas tan cerrado, algunas personas de esos grupos podrían caerte bien.

sábado, 2 de enero de 2010

Zanahorias. (II)

:- ¿Y le soltaste todo eso?
:- Soy bien gonca, sino era por el alcohol...- y lo sabía bien, porque estalló en esa cena de fin de año junto a los compañeroscolegasamigos de Mariana y cubrió su malhumor con copas. Para todos fue gracioso, casi el alma de la fiesta. El sarcasmo y la poca autocrítica. Ninguno de ellos se hacía cargo realmente de los enunciados hirientes de Robertino, disfrutaban de su elocuencia, de sus definiciones. Por momentos creyó que se iba a ahogar en esa mesa para veiticuatro cubiertos con mantel blanco y copa de vino. El lugar era tan alegre, todo haciendo juego menos él que pensaba en lo amargo del azúcar. Ni Mariana, pese al tiempo que habían compartido, percibía el sordo reclamo. Era una relación directamente proporcional entre la sinceridad y las copas que luego fueron vasos de trago largo. Estaba en el vodka cuando un segundo de cordura asomó ante sus ojos y se vió estúpido, disparando con salvas de fantasía a unos espejismos de palabras cargadas y modos estudiados. Se cargó de impotencia y dedicó el tiempo a mirarlos, a chusmear con ojos ajenos ese mundo que no compartía. Él no pertenecía, se lo remarcaban todo el tiempo, no tenía los conocimientos para sentarse en esa mesa, pero el compañero de Mariana no podía faltar... tantas veces les había dado cobijo en su casa.
Entre "¿y pensás hacer algo con la fotografía?" y los viejos de la mesa contigua se quedaba con los vejetes. Escuchaba sus charlas, el programa de la tarde y el clima siempre adverso eran los temas favoritos. Se animó a meterse en alguien de esa edad e imaginar los problemas físicos, el dolor causado por la humedad... y una mano en la suya, y un "vamos" que no se sabía si era un reto o un mimo, y salió.
:- ¿Pero llegaste y le largaste eso? ¿Cómo fue?
:- Me pegué una duchita y ella me estaba esperando... no sé si me dijo de hablar, la verdad que no sé, solo tenía náuseas.
:- Vomitos metafísicos.
:- No seas pelotudo- y caminaron en silencio un rato, contemplándose.

Pasaron varias cuadras, esquinas con autos que cruzaban presurosos, bicicletas, ancianos, un ciego, muchos perros.
:- ¿Y por qué salimos a caminar?
:- Porque vos necesitabas presentar el carnet de fotógrafo en el diario, por el laburo.
:- ¿Falta mucho?

Zanahorias.

:- Quizás un día de estos llegue a tener un título de esos rimbombantes, y sienta que puedo hablar con cierta libertad de cosas tan importantes como la sociedad, la cultura y demás cuestiones que son exclusivas de los universitarios. Por ahí, si estudio letras, adquiera esa pedantería que poseen esos que se creen particulares por poseer el panfleto que los proclama como algo, como Profesores de Letras. Verlos tomar a Borges con una mano y voltear sus páginas con la otra... ese desdén tan de ellos... y eso que a mi nunca me gustó Borges eh, pero viste, le chupan el culo o lo defenestran con esas palabras que aprendieron de él, son unos caraduras. Cuando por fin me reciba de artista voy a poder hacer esas cosas, mirar un Mondrian, escuchar a Miles Davis, llorar con... no me sale el nombre de ningún director de cine ahora, disculpá. Me parece que todo esto es un camino que se bifurca: o aspiro a eso, a esa rimbombancia, o me acepto como soy y me dejo de joder. Esto de pensar mirando una mancha de humedad no puede seguir, me molesta tener que despegar de mí cada vez que pretendo verme, es incómodo y poco práctico. Pienso, pienso, pienso. Existir no existo nunca. Siempre corriendo detrás de la zanahoria. Vos ya tenés tu zanahoria, estás tranquila, dos materias y encima con el promedio y demás... recomendaciones, claro, no me debo olvidar de las recomendaciones. También tengo una zanahoria eh, técnico en fotografía, recomendaciones no tantas, para la gran mayoría soy vago... no me voy a poner a remarcar mi marcado odio hacia el mundo artístico porque lo conocemos ambos y muchas veces me dijiste que... y no, y no me voy a llevar con esos boluditos de gafas raras, que usan palabras excéntricas todo el tiempo y que... bah, ya sabés. Es otro mundo, son ellos. Mi zanahoria es para los míos, que pueden ser camareros, camioneros, pasteleros... muchos eros viste, profesiones y demás, gente cualquiera. Por eso quizás no nos llevamos, a vos te gusta moverme en un mundo que a mis ojos fue usurpado por representaciones. Será por eso que nosotros no podemos sentirnos uno, también me tomo la libertad de adjudicarle a el fenómeno de la invasión la imposibilidad de fusionar nuestros mundos. Mis amigos... bueh, no somos artistas nosotros... mejor me quedo callado y sigo el diálogo con la mancha de humedad, voy a ver si la convenzo de que me de una mano con el bolso mañana- y se levantó por su vaso de agua.
:- Cuando estás borracho sos muy cobarde.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Jimarson y la... (III)

Regresar caminando era también estudiarse un poco. Se molestaba con esa depresión, su depresión, que lo acompañana casi constantemente. Para evitarla fijaba su atención en el pasado, a veces se animaba a planificar un futuro. Un porvenir colmado de realizaciones personales y exedido en horas de sueño. Intentaba incluir a Mariana en cualquiera de las variables sin resultados positivos, desde hacía tiempo ya que sentía que la pelea por mantener esa casa tan bien decorada lo estaba consumiendo, y que su mentira, una que otrora prometió felicidad y estabilidad emocional, lo terminaría devorando sino se animaba a cortarla de cuajo. "Los roles", pensó, mientras un nene en un triciclo lo rebasaba ágil por su flanco derecho. "Si va tan rápido después no va a poder frenar". Y se vió en una casa que no quería. "¿Entenderá si le explico la charla con Jimarson?... no creo, se va a sentir tocada, siempre sale con eso de que él no la quiere, que se inmiscuye en nuestra pareja, que yo se lo permito, que yo tal cosa, que tendría que ser más hombre y arreglar las cosas puertas para adentro... no, no va a entender". El triciclo volvía desde la esquina, a toda velocidad, por el centro de la vereda. Las ruedas eran duras, plástico o similar. El conductor endemoniado pasó junto a Robertino fingiendo un intento de colisión, soltando una carcajada y dándose vuelta para regalarle una sonrisa. "Es la testosterona, tiene menos que yo, es feliz". Clima otoñal, niño en triciclo y ahora un cigarrillo y el recuerdo del café. Jimarson, a sus ojos, estaba un tanto loco. No entendía esa manía por mantenerse a salvo del mundo, la necesidad perenne de su amigo por interpretarlo todo, por hacer de ese análisis una regla con la cual conducirse... uff, lo agobiaba. Pero muchas veces tenía razón, muchas. Volvía a Mariana, a sus reproches, a los abrazos, caricias... se quedaba en lo bueno, evitaba lo malo, lo malo... porque con eso, con lo negativo, se le iban las cuadras, una tras otra, y se olvidaba de sus pasos ligeros y el mundo se le hacía ajeno. Dudaba mucho, pero la duda nacía ahí donde él se abandonaba. Abandono, Jimarson y café.
:- Este tipo y sus roles- y se descubrió hablando solo, como un loco, en medio de la brisa de otoño y el cigarrillo sin encender. No tenía fuego, el objetivo del tabaco envuelto era entretener-se-lo-los. "Ahora cuando llegue lo voy a tener al boludo este con sus roles en un oído y a Mariana con su ´¿te pasa algo?´ en el otro... es tan dificil llevar un triángulo amoroso con un tipo como Jimarson...", y se tentaba. El toldo amarillo del almacén de Doña Paula marcó el giro a la izquierda y esos últimos cuarenta metros de soledad. Descansaba en la vereda la bicicleta sin asegurar de Clarita y la modesta motito de Julieta. Seguramente una reunión, algún tema trascendental y él que llegaba con sus roles. Estaba mal predispuesto, lo sentía hasta en el cigarro que no dejaba de dar vueltas. Pensó en inventarse alguna descompostura, en obligarse a dormir en penumbras, en hacer oídos sordos a ese sinfín de palabras complejas, de apreciaciones cultas...
:- ¿No encontrás la llave tontín?- y estaba ahí, con su sonrisa hermosa, el vestido floreado y el pelo recogido por un broche que era una mariposa. No pensaba en su rol ni en sus palabras, era así, no se iba a extrañar de ser ella misma para entender lo que en el café habían teorizado con tanto desdén. Robertino repasó los roles, la vió hermosa y se torturó, todo en un segundo.
:- No sé, creo que todavía no las busqué. ¿Cómo te diste cuenta que estaba acá?.
:- Estás hace un ratito pavo, ví una figura y supuse que eras vos. Entrá, el aire está fresco- y le dió un beso suave, y él pensó en "dicotomía" y se entregó, una vez más.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Jimarson y la... (II)

:- El de allá se nos va eh- señalando a un anciano que reposaba sobre una esquina, notablemente apagado.
:- ¿Te parece?- la vista en la lágrima, o en los restos de ella.
:- Si, o se nos va o se hace el dolido mejor que yo.
:- ¿Eh?
:- Claro, eso de la esquina del café, cara de dolor, el circo che, el circo.
:- Ah.
:- El mismo que hacemos nosotros acá, porque esta charla la podríamos tener en cualquier lado, pero a mi me gusta el rol, interpretarlo.
:- Ah.
:- Dejá eso tarado, que no me gusta cuando estás depre- y Robertino dejaba de mirar la taza y lo enfrentaba sonriente.
:- No estoy depre, solo pienso, ¿no es mi rol?
:- Si, pero también tenés que expresar lo que pensás, sino no somos interesantes para nadie, y yo quedo como el forro que te trae acá para retarte, como si fueses un chico.
:- Qué densos tus roles.
:- Serán densos, pero al menos no usás la palabra discurrir, ¿no? Son roles densos pero más libres- y le pellizca un cachete, con un "tonto" que el otro conoce, y sonríe.
:- No seas puto, que la gente después dice cosas.
:- ¿Por ser puto o porque te guste que lo sea?
:- Ambas me parece.


:- ¿Levantando la mano así te sentís poderoso?
:- No, solo llamo a la mesera.


La segunda lágrima, el tercer cortado. Estaban entretenidos. Robertino poco a poco se abandonaba a ser él frente a ese amigo que lo forzaba, que lo empujaba a olvidar algunas cuestiones y simplemente transcurrir. El café aportaba el resto, en el depositaban las palabras complicadas, las representaciones, los motivos para la risa. Sentados en esa mesita para dos se liberaban de todo. Jimarson había empezado con el rito, pero en un principio concurría solo, los escogía a la pasada, desde su inglesa despintada, rotosa.
:- Tengo ganas de mear, aguantame, no te me vuelvas a deprimir- y se levantó manso.
:- Che, tu bragueta- y la risa.
:- ¿Viste? Me quedé sin cierre en este pantalón, ahora vengo y te cuento.
Usaba las camisas largas, por eso no se le notaba lo del cierre, pero era una constante. O estaba bajo o no estaba. Pensó en la lágrima, en la calidad, en la espumita dulce, en la cualidad de su amigo sin cierre para escoger siempre con acierto estos sucuchos de muerte.
:- Listo, y hasta me lavé las manos.
:- Meas poco vos.
:- No, es el cierre.


:- El problema de los roles es que a vos te duelen, vos entendés, pero te duelen igual.
:- ¿Eh?
:- Claro, no te hagas el tarado, por algo te dije lo de discurrir.
:- ¿Esa palabra es un rol?
:- No gil, usarla.
:- Explicá- y un sorbo divertido, mirándolo, esperándolo, porque Jimarson era un tipo de crear conceptos.
:- Es parte del papel que jugás para Mariana.
:- ¿Un papel?
:- Dios... si, un papel- y un sorbo, para darse tiempo-. Vos no te sentís cómodo así, lo sé porque te conozco, vos no sos un tipo de hablar en dificil, si te puedo definir con una palabra como "buenudo" es porque no sos un tipo complicado. A ella le cabe un "snob", ¿entendés?, y a los snob les gustan las palabras como "discurrir".
:- Creo que voy entendiendo- sorbo, cucharita, espumita dulce.
:- Tu problema arranca cuando tomás conciencia de todo eso, de lo que tenés que hacer para no perderla, porque tenés miedo... no sé si de perderla, sino de estar solo. Pero no sos vos, jugás un papel para que ella no te deje y después de un tiempo notás que efectivamente estás solo, inclusive frente a sus ojos, solo. Perdón que te largue todo esto eh, pero me resulta divertido, además vos lo sabés, muchos lo saben, la gente piola se da cuenta de estas pavadas, por eso le rehuye a los tontos.
:- ¿Nosotros en qué lugar estaríamos para vos?
:- En el medio, recién dándonos cuenta, tenemos 24 años che... pero a mi al menos me gusta jugar con esto que voy entendiendo. Ahora sé que si llueve puedo venir a un café así, con un libro, ponerme contra una ventana, leer, esperar que pase una minita culta o culturosa y...
:- ¿Y qué?
:- Y al menos me gano el derecho a hacerme el interesante.
:- ¿Vos ves todo así?
:- No, todo no, mucha gente escapa a eso... pero la mayoría, la masa es la masa.
:- Si, la masa es la masa- sorbo al unísono, mirada cómplice, fraterna.
:- ¿Entendés por qué me cansé de verte así?
:- ¿Así como?
:- Depre, depre por jugar un papel.
:- Ah.
:- Si vas a jugar un papel, disfrutalo, no lo padezcas, y no te enamores de los personajes, por favor.
:- Qué ganso sos eh, mirá que venir a preocuparte tanto...
:- Ganso no, sos mi amigo, y me jode que aunque entiendas las cosas mejor que yo las sufras igual, tu dicotomía es...
:- ¿Dicotomía?- mirada cómplice y una sonrisa que se esbosa.
:- Perdón, perdón.
:- Ahora sos vos el que usa palabras eh.
:- Me dejé llevar, es el café.
:- Guardalas para cuando te quieras levantar a alguna mina de esas que decís que te levantás así.
:- Sirve, sirve- risas.
:- Los viejos nos miran che, no tenemos que hablar de minas, esto es un templo de la impotencia.
:- Será un templo, pero acá todos piensan en conchas eh.
:- Pensamos.
:- Pensamos, concedo.
:- ¿Y las minas jugarán mucho con nosotros?
:- Y si, para mi que la cadencia de algunas oculta el manejo de hilos secretos.
:- ¿Para tanto?
:- Andá al baño, hay un espejo.

martes, 22 de diciembre de 2009

Jimarson y la hipocresía.

:- ¿Discurrir o transcurrir?
:- No sé, no me vengas con esas palabras, sabés que a mi no me gustan.
:- No seas ganso.
:- Pero te hablo en serio, no me gustan esas palabras.
:- ¿Qué palabras?
:- Las difíciles...- y un sorbo al café.
:- ¿Qué te pasa ahora?
:- Nada, pero estoy dormido y no tengo ganas de andar pensando en palabras, con pensar lo que decís es suficiente.
:- Pero sin esas palabras...
:- ¿Sin esas palabras qué? No seas gil, ¿querés?- revolver con una cucharita de plástico, cucharita descartable.
:- Solo necesitaba usarlas, por eso pregunté.
:- Pero te podes hacer entender con otras, pero son otras que no van a quedar tan bien- otro sorbo, afirmación y sonrisa-. Ahora quedó bien.
:- No me hagas sentir boludo.
:- No te hago sentir boludo, solo no me gusta cuando estas así.
:- ¿Así cómo?
:- Culto, culturoso.
:- Es la costumbre... los amigos de Mariana, ¿viste?
:- Por suerte dejé de ir a tu casa... ¿Estás bien vos?
:- Y, no.
:- ¿Y no qué boludo?
:- Y no, no estoy bien.
:- ¿Viste? Sabía que buscándote ibas a largar.
:- ¿Buscándome?... sos un pajero- sonrisa, mano levantada, camarera y sonrisa.
:- ¿Qué vas a pedir?
:- Y, ahora que parece que vamos a hablar en serio... lágrima, queda bien.
:- Como discurrir.


:- Los baños están limpios, no es como los de siempre.
:- Acá el depre sos vos che, a mi no me gustan los baños cagados.
:- A mi tampoco, solo los viejos.
:- Estás a un paso de la necrofilia, ¿sabías?- Jimarson iba por el segundo cortado y Robertino se acomodaba sereno.
:- Un viejo con plata es tentador, además solo buscan cariño... con la próstata, viste...
:- No seas gráfico.
:- Vos empezaste.
:- Contame de tus problemas de pareja, dale, quiero hablar en serio.
:- ¿Cuáles problemas?
:- Usaste la palabra discurrir, vamos...
:- Dejá eso de lado che, no seas denso.
:- ¿Te entendés con Mariana?- los ojos que no se encuentran porque uno mira el cortado y otro la ventana.
:- ¿Qué tengo que responder?- y la vista encontrada, ahora si, quitando cualquier duda.
:- No respondas, dejá.
:- ¿Contento?
:- No, porque nunca me gustó ver como te abandonás, ¿vos tenés miedo?- la taza, la lágrima y las facturas con pastelera.
:- ¿Miedo?
:- Dale gil, miedo a quedarte solo, eso.
:- ¿Vinimos acá a discutir obviedades?
:- Es un café de viejos, no seas pretencioso- un sorbo largo, casi un trago, aprovechando que el interlocutor prueba el tentempié-. Acá lo que importa es que otra vez te estás abandonando... nunca fuíste de hablar en difícil, esas cosas les gustan a los que quieren ser algo más de lo que son... vos estabas bien así, transcurriendo, si es que querés usar esa palabra para algo.
:- ...
:- En serio loco, cortala con tu inseguridad, me cansa verte así hace tanto ya, si esta boluda te quiere cambiar... disculpá eh, pero me aburrí, soy tu amigo para algo, para no dejar que seas otro, sobretodas las cosas. Vos sos medio gil, mirá que estar acá... che, ¿me escuchás?
:- Si, claro.
:- ¿No tenés nada para decir?
:- ¿Y qué querés que diga?
:- Algo.
:- ¿Algo como qué?- sorbo, y sorbo del otro, así se escuchan y se miran.
:- Algo de todo esto.
:- Ah... y...- sorbo, preparándose-. Vos sabés que tengo miedo, si, y que no sé hacerme valer... que se yo, estoy cansado de esto, de las presiones... es feo tener que ser culto y progre, leer, mirar una foto durante 10 minutos para no parecer un bestia...- y los ojos desvarían en esos momentos.
:- Disculpá, pero a mi no me gusta dejar que te tragues esto solo.
:- ...no, no pasa nada, en serio, si todo esto lo pienso todos los días.
:- ¿Y qué vas a hacer?
:- No sé, la verdad que ya no sé...
:- Robertino, creo que sabés lo que vas a hacer.

sábado, 19 de diciembre de 2009

El trauma adolescente II.

:- Por eso nunca te dije nada, para que después no andes lleno de preguntas.
:- ¿Nada de qué?
:- Que te quería y esas huevadas.
:- Ah.
:- Ah, si. Porque mirá como estás, y todo por un par de Te Amo de mentira.
:- Y...
:- Y nada bobo, vos sos muy boludo para relacionarte con forras como yo, ¿no te das cuenta?
:- ¿Por qué te hacés cargo?
:- Porque también te traté mal.
:- ...
:- Si, lo sé, y por eso muchas veces no te quiero ver, y me siento cuestionada, y te digo todas esas boludeces que generan una distancia enorme entre los dos, porque sé que hice muchas cosas mal, y porque un poco me gustás y no me cabe pensar que podés estar mal por mi culpa.
:- Pero ahora no tenés nada que ver.
:- No vine para que te hagas el superado eh.
:- ¿Superado?
:- Ajá.
:- ¿Superar qué?
:- Superarme a mí.
:- A vos no te superé, solo estoy resignado. Sabés que me gustás, como yo a vos, pero no resulta, nos terminamos lastimando.
:- Si, lo sé, pero no te hagas el superado, es solo eso. No vamos a terminar cojiendo.
:- ¿No?
:- No.
:- No te creo.
:- No me creas.
:- Lo mismo dijiste cuando nos vimos después de la pelea.
:- ¿De cuál de todas?
:- De todas, boluda.


:- ¿Nos vamos a quedar acá?
:- ¿Vos querés hacer algo?
:- No sé, solo pregunto.
:- Vamos para casa entonces.


:- ¿Y ahora?
:- Qué tarado.

El trauma adolescente.

:- Solo me asustaste, pero no te odio.
:- No me odiás pero...
:- ¿Pero qué?
:- ...
:- No empecemos, ¿ok?
:- ¿Por qué decís que iba a empezar?
:- Porque siempre empezás, por eso.
:- ¿Y vos qué estás haciendo ahora?
:- ¿Haciendo yo?
:- Claro, siempre hacés esto, intentás remarcar que ya no nos podemos dar un beso, pero cuando volvés acá nos vemos, o no nos vemos pero sé que estás y vos obviamente sabés que estoy, porque a esta ciudad siempre vamos a volver y...
:- ¿Y qué?
:- Y hacés cosas sabiendo que yo sé que estás acá.
:- No digas boludeces, ¿querés?
:- No te hagas la boluda vos tampoco.
:- ...dame un cigarrillo.
:- No tengo.
:- Agarrá de los míos, están en mi mochila.
:- ¿Son los de siempre?
:- Si, de esos que te gusta fumar cuando te metés porquería por la nariz.
:- Ya no lo hago más.
:- En ese entonces tampoco lo hacías.
:- ...tomá, ¿tenés fuego?
:- Si.


:- ¿Y en qué andás acá?
:- Nada, lo que te conté.
:- ¿Y la chica esa?
:- ¿Cuál?
:- La que te histeriqueaba.
:- Ah, sigue.
:- ¿A vos te gusta que te boludeen?
:- Y... no, me cansa, pero soy boludo, es eso, si vos te cojiste a alguien frente a mí y me seguiste gustando, pese a que me hiciste mierda.
:- Sos un hijo de puta.
:- No, soy medio pelotudo nomás, si a vos te molesta que te diga las cosas así, jodete, pero entendé que lo único que tengo para defenderme son mis palabras, porque más allá de eso no hago nada... y siempre la mierda se hace un camino, y a mi me sale por la boca. A vos por el cuerpo, por todos tus poros, a otras por la histeria, por las cachetadas y las contestaciones... pero bueh, a mi a veces por la boca, porque aguanto y me pudro. Y si, me hiciste mierda, ¿te molesta pensar en que te garchaste a un par de tipos frente a mi? Jodete loca, porque vos lo hiciste, yo no, y no vengas a poner esa cara... me hacés sentir lejos...
:- ¿Lejos de qué?
:- De vos.

Jimarson IV

:- ¿Y qué hablaron?
:- Nada, boludeces, siempre que vuelve da vueltas, y si presiono desaparece.
:- (...)
:- Eso, por eso digo "nada", porque ya no hablamos, creo que hace para mi un personaje.
:- No seas boludo.
:- Es que no tengo otra forma de justificarla.
:- No la justifiques, empezá por ahí.
:- Me decís eso pero vos...
:- ¿Yo qué?
:- Vos sos igual.
:- Ah, si, pero no te da crédito para seguir siendo un boludo. El hecho de que yo sea igual a vos no te hace menos ni más eh.
:- (...)
:- ¿Y qué vas a hacer?
:- ¿Con qué?
:- Con ella.
:- Creo que nada, porque no tengo mucho poder en esta ruptura constante... solo dejo que las cosas sucedan, fijate que intenté aclarar las cosas y le entró por un oído y le salió por el otro.
:- ¿Y vos crees que hablándolo conmigo vas a lograr algo?
:- (...)
:- Claro, si esto te va a servir.
:- Y, capaz que duermo mejor, es lo único que quiero, dormir tranquilo y despertar sin ganas de saltar de la cama.
:- ¿Para tanto?
:- Si sigo sin olvidar, si. Se me oxidaron esos mecanismos parece, ya no estoy para cambiar el modelo tan seguido, la posmodernidad va muy rápido para mi gusto.
:- Desamor, eh.
:- Si, eso.
:- Pero ya lo pasaste... tengo un amigo que dice que sirven como vacuna, que uno ayuda a superar mejor el otro y así... que se yo, a mi mucho no me parece, pero a él le resulta, porque cambia de mina bastante seguido y no lo veo mal.
:- Quizás no se enamora.
:- Andá a saber... a él le gustan mucho los envases, eso suma. No podés quedar tan pegado afectivamente a una persona que no brinda más que un buen cuerpo y una linda sonrisa...
:- Si le inventás un contenido si podés.
:- Eso te pasa a vos, creador de fantasías.
:- A mi y a muchos eh.
:- ...
:- Pasame un mate.
:- Esperá que le cambio la yerba.



:- ¿Te conté que la otra vez le comenté una charla nuestra?
:- ¿Cómo que le comentaste?
:- La leyó.
:- ¿De dónde?
:- Yo se la mostré, quería que sepa cómo hablábamos, porque le dije que a veces me hacés bien y bueh... quería que entienda el por qué.
:- ¿Y qué dijo?
:- Le pareció terrible y fuera de lugar.
:- Qué exagerada.
:- Si, es así con todo. Es una vida drástica.
:- ¿Y vos querés eso?
:- La vida drástica no, a ella nomás.


:- Ahí quedó mejor, aunque le falta un poco al agua ahora

Tres Baldes de Pintura*

:- Che, ¿por qué no me avisaste de esto?
:- Porque no...
:- ¿No qué?
:- ¿Qué querés que diga?
:- Por qué no me avisaste.
:- Porque no te quería ver, ¿no es obvio?

Y era un capricho nomás, porque ahí cuando cumplía una función ella lo llamaba, le pedía ayuda y lo utilizaba durante unos días, a veces semanas, nunca meses. Caminaba con él, recorrían barrios y contemplaban árboles. Era un escape, una puerta a esas otras cosas que la mayoría no ve, que solo unos pocos, los que no corren, pueden darse el lujo de mirar. Ella corría, claro. Tenía objetivos que cumplir, una pila de compromisos y un sinfín de responsabilidades. Su escape, el masculino, rehusaba convertirse en una persona productiva y vivía arreglándose con poco, sin pensar en una vejez agradable ni en una madurez llena de logros. Así andaban, siempre en caminos diferentes, hasta que la vida responsable, correcta y progresista la aburría y un llamado o una carta indicaban que era el momento para otros días en paz, tiempo de reencuentro cíclico en el que ya jugaban unos papeles rumiados y por momentos tediosos. Por lo general sus mejores momentos eran los desayunos porque no compartían mucho. Él los preparaba y se los llevaba a la cama, sin palabras ni comentarios, desarrollando el rito en el más hermético silencio. Estaban bien y ya, sabían que no iba a durar mucho porque eran diferentes, ninguno estaba dispuesto a moverse al ritmo del otro.

Eran ciclos estáticos en la vida de Robertino. Cada regreso de Mariana lo ponía en un lugar neutro, cómodo. Ella le hablaba de muchas cosas, de todo lo que hacía, de las artes que manejaba porque se juntaba con esa gente, con los que las hacen. Él escuchaba, como no hacía nada no tenía qué contar, solo darle alguna noticia de uno de los suyos, o describir algún árbol, un perro callejero, algo curioso acontecido entre la última desaparición y el actual reencuentro.

:- ¿Y no estás haciendo nada?
:- Y, no, lo que te dije.
:- Pero salir a sacar fotos con Jimarson es un hobby.
:- Como digas.

Y se angustiaba, y se le iban las ganas de contarle todo lo que incluía ese nada tan grande que él cuidaba con esmero. Ella no veía en ese nada la particularidad de Robertino, y Robertino no veía en sus innumerables clichés particularidad alguna en Mariana. Pasaron dos noches juntos, volvieron a fracasar en eso que la gente hace casi exclusivamente de noche pero mantuvieron el ritual de los desayunos con cara de "acá no pasó nada". Transcurría la tercer mañana cuando él
entró al living con tres baldes de pintura.

:- ¿Vas a ponerte a pintar ahora?
:- Si, ¿por?
:- ¿No podés esperar a que me vaya?
:- ¿Pero quién te crees que sos?

viernes, 5 de junio de 2009

Mariana

Caminaba sin prisa, tan solo veinte cuadras y algo más lo separaban de la escuela de fotografía. Estaba llegando tarde, como siempre. Su mano derecha jugaba con el encendedor, escondido en el bolsillo derecho, a cubierto del frío. No le gustaba detenerse en las esquinas, era temerario para cruzar a punto tal de enfrentar los autos a fuerza de insultos y ademanes. Siempre tomaba el mismo camino, desde pequeño era una persona que solo interrumpía sus rutinas cuando era estrictamente necesario pero a veces no podía mantener un orden en su vida, tenía grandes períodos de inestabilidad en los cuáles la única constante era la marihuana y algún dolor angustioso. Ahora estaba bien, trabajaba y estudiaba lo que quería, sin tener que rendir cuentas a nadie.
:- ¡Beto!- un llamado interrumpió sus cavilaciones, sus geniales ideas de fotógrafo amateur y artista desdeñoso. Volteó lentamente, el encendedor se le zafaba en ese girar constante y el bolsito de la cámara golpeaba su cintura.
:- ¿Qué te pasa?- era Mariana, la chica que siempre se cruzaba en ese camino que era de él. Estudiaba sonido en un instituto que estaba de camino a la escuela, por eso se habían conocido, hace más de un año. Ahora ella cursaba algunas materias en la escuela, le gustaba la fotografía fija y evacuaba con Robertino las dudas que la ausencia de un ciclo básico le habían dejado.
:- Nada, venía jugando con un encendedor.
:- Ah- a ella le gustaba esa cuestión misteriosa que él parecía trabajar tan finamente. Ahora le decía algo de un encendedor que no estaba a la vista, quizás lo tenía en la mano derecha, escondida siempre en el bolsillo.
:- ¿Me vas a acompañar?- se quedó mirándola porque lo miraba, le pareció lo más adecuado preguntarle antes de volver a su camino. Era una chica linda, le gustaba en secreto. Tenía cierto talento para dibujar y lograba maravillas editando sonido. Tantas cuadras caminadas lo volvieron conocedor de esa muchacha: lectora de Cortázar, disfrutaba mucho del blues y de los postrecitos de dulce de leche. Apenas dieron los primeros pasos buscó unos caramelos en su morral porta cámara y se los alcanzó fingiendo desinterés. Mariana disfrutaba y se enternecía con estos pequeños actos, Robertino era cobarde y no podía pedirle un beso.
:- ¿A dónde vas hoy?
:- Cursamos juntos, pavo.
Los días de la semana se confunden fáciles cuando uno tiene veintitrés y se mantiene y estudia. Solo ubicaba el domingo, el día libre. Le gustaba el pavo cariñoso que ella le soltaba sin fijarse, le daban más ganas de besarla. Muchas veces le había pasado esto, ya en muchos encuentros los impulsos de decirle algo eran parados en seco por la cobardía que ganó gracias a tantos sinsabores.
:- Pava vos, que siempre andas encontrándome en mi camino.
:- Nuestro camino, egoísta de mierda.
:- ¿Querés venir a casa después de la facu?
Esquina. Estiró sin darse cuenta el brazo derecho para impedir que avance sobre el asfalto, un auto doblaba sin mirar y sin luz de giro.
:- Sacaste la mano del bolsillo.
:- ¿Y?- era un duro, siempre era un duro.
:- Qué tipo ganso que sos- tomó su mano derecha y le dió un beso tierno, de esos que se dan después de mucho tiempo de estar guardados. Solo así se animó Robertino a besarla, a tomarla del mentón como en las películas y darle un beso lento, en los labios, sin lengua. Después la mano en su mano y a cruzar la calle. Las cartas estaban jugadas, días y días pasaron desde el primer encuentro a la primer palabra, meses y meses pasaron desde la primera palabra al primer beso.
:- ¿Te vas a seguir sentando conmigo?
:- ¿Por qué hacés esa pregunta?- preguntaba porque era raro, porque tardó tanto tiempo que ella tuvo que darle un beso que diga si, me gustas.
:- Mariana, no te pongas pava, soy lento nomás, tarado no- se colgó del brazo dueño de la mano que no jugaba más con el encendedor. Lento, si, muy lento. Pensaba en el después de clases, en la casa de Robertino sola para los dos y en lo que podía suceder. La habían educado bien, no le gustaba la idea de acostarse a la primera aunque todo era muy confuso y el tiempo de espera le servía de justificación. ¿Tantas ganas le tenía? Se olvidó de la cursada, se olvidó de las fotos que tenía que presentar y de la cámara con hongos. Todo era ese brazo, ese pibe que caminaba lento pensando en vayaasaberunaque, el beso en los labios sin lengua que parecía de película.
:- ¿Y vos? ¿vas a venir a casa después?
:- Si- y un beso en el cachete para confirmar que caminaban así, así como si no hubiesen perdido todo ese tiempo desde que se dió cuenta que el chico del piloto curioso caminaba de lunes a viernes por esas calles, a esas horas.

martes, 10 de marzo de 2009

Mariana II

:- Cuando pueda, voy a bajar la Luna con una cuerda, para vos.

:- No me digas esas cosas Robertino, no estamos para andar boludeando.

Fijó nuevamente su vista en el apunte y siguió leyendo. Ella ahí, perfectamente concentrada en ese montón de letritas fotocopiadas una y mil veces, esas letras que si apurás un poco la vista parecen ser todas la misma. Ella estaba ahí, en esa silla de cuerina mal cosida. Estaba ahí, tomando esos mates amargos que él le alcanzaba con timidez, con veneración. Hasta con esos bizcochitos salados la adoraba. Por más que estuviesen un poco húmedos.

Él estaba en ella, y en él. Pendiente de la temperatura del agua, de las masitas saladas que nunca comía y de que no refresque mucho porque se estaba haciéndo de noche y no quería que ella quiera volver a su casa al darse cuenta de eso. Por eso estiró esa reunión de estudios. Aunque él ya sabía todo, porque era una persona aplicada. Ahora era más aún, porque no quería que ella lo encuentre en falta.

Después venía el "vos tenés un 8, y yo un 6", "tuviste mala suerte, tu tema era más jodido", "no, vos sos más inteligente, no hagas grupo conmigo, te retraso", "no digas pavadas, Mariana". La misma discusión, calcada. Ella que jugaba, y él que disfrutaba de ella.